¿Qué puedo dejar de hacer por ti?



Paso previo a toda intervención en personas con alta dependencia


Fue en una charla titulada “La autonomía en la la mirada del otro” presentada en  las Jornadas del 30 aniversario de la Fundación Nexe, en 2014,  cuando plantee abiertamente esta pregunta:

¿Qué puedo dejar de hacer por ti?  
Puede parecer un recurso retórico e incluso poético. Nada más lejos de la realidad.Esta pregunta orienta la práctica, la relación con los demás. Incluso con aquellas personas con más necesidades de apoyo… generalizado y extenso, como suele referirse en los manuales.
¿Qué puedo dejar de hacer por ti?
Si siempre nos preguntamos lo contrario: ¿Qué puedo hacer por ti?
Y está bien. Estamos dispuesto/as a llegar donde el otro necesita, más si la persona no puede.
Pero puede aparecer un efecto secundario no previsto, sobretodo para la persona a quien ayudamos:
Te ayudo en todo, te ayudo tanto…  
Hasta el punto en cual puede aparecer la dependencia.
Dependencia tuya de mí. Lo cual me da valor. A mí.  Me hace sentirme importante, útil y necesario/a.
Y no está mal, también tenemos derecho a tener en cuenta nuestras necesidades…
Y si hilamos fino, quizá no se trate sólo de nuestras necesidades. Podemos ser útiles sin llegar a generar dependencia en quien “ayudamos”.
De nuevo, la pregunta ¿qué puedo dejar de hacer por ti? es la estrategia que nos ayuda a hacer sentir capaz a la persona que tenemos delante. Nos permite empoderarla. Nos hace retirarnos a tiempo y “hacer menos”
Y quizá estas palabras suenan a discurso filosófico. Quizá lo sea… Leyendo a Martin Buber encontraremos aquello de “sólo a través tú, el yo se convierte en yo”
Y mi intención no es hacer filosofía. Más bien hablar de:
Cuando hago terapia, despierto por la mañana, limpio los mocos, pongo los zapatos, cuelgo la mochila…
… cuando doy de comer…
Si me pregunto ¿qué puedo dejar de hacer por ti? quizá descubra que no hace falta que te aguante la cabeza y sujete las manos para limpiarte la cara.
Quizá vea cómo tú eres capaz entrar el pie en el zapato.
Quizá me dé cuenta de que puedes ser protagonista de tu terapia.
Quizá vea cómo puedes abrir la boca antes de que yo decida meter la cuchara.
Quizá…
Quizá luego, quizá mañana pueda preguntarme ¿qué puedo dejar de hacer por ti?Artículo publicado en la revista de octubre de 2018 de la Fundación Aspanide. Revisado en febrero de 2019